ANDRÉS OPPENHEIMER
I 03/02/2010
Los presidentes, las estrellas de rock y los líderes empresariales de todo el mundo están prometiendo cientos de millones de dólares para la reconstrucción de Haití, pero están cometiendo un error potencialmente garrafal: concentrarse demasiado en los ladrillos, y demasiado poco en los árboles.
Caí en la cuenta de este problema durante una conversación con Carlos Morales Troncoso, el vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores de la República Dominicana, el país vecino de Haití. Después del terremoto del 12 de enero que causó más de 150,000 muertes en Haití, ningún otro país se ha visto más directamente afectado por la oleada de refugiados haitianos que la República Dominicana.
Morales Troncoso pasó por Miami a su regreso de una conferencia internacional celebrada en Montreal, Canadá, donde Estados Unidos, Francia y otra docena de países se reunieron para empezar a planear un programa de 10 años para la reconstrucción de Haití.
Y el canciller dominicano no estaba demasiado impresionado con lo que escuchó en esa reunión: se habló demasiado de reconstruir los edificios gubernamentales, las escuelas y los hospitales arrasados durante el terremoto, y demasiado poco de plantar árboles, señaló.
De nada sirve reconstruir la ciudad de Puerto Príncipe, o mudar la ciudad más al sur, si no reforestamos Haití, me dijo Morales Troncoso. ¿De dónde van a sacar agua? ¿Dónde van a cultivar? ¿De qué vale reconstruir un Haití sin árboles, sin capa vegetal?