domingo, 19 de diciembre de 2010

Haití, más que estar acorralada por la epidemia del cólera, es una nación encolerizada, hastiada de las injusticias y burlas de sus políticos.

FRANK LÓPEZ BALLESTEROS |  ESPECIAL EL UNIVERSAL
domingo 19 de diciembre de 2010  12:00 AM 

En pleno centro de Puerto Príncipe, al frente de la estatua del general Petion, prócer de la independencia haitiana, un grupo de niños lanza piedras contra una pancarta con la imagen del candidato presidencial oficialista Jude Celestin.
En lengua creole, los niños le hablan de frente a esa imagen, se ven irritados, la retan, la insultan. Se vuelan las palabras en medio de la ventisca de estruendos por las motos y carros corriendo y el nauseabundo olor del lugar. Celestin es el candidato privilegiado por el actual presidente, René Preval.
En ese instante un hombre de aspecto infantil, negro como la noche y borracho, llega con una enorme piedra y la lanza sobre el retrato del candidato.
Los niños se carcajean a ciegas y salen corriendo hacia unos adultos que están en la esquina y que aclaman al "lapidador", porque así de simple, de un sólo golpe, quieren los haitianos solucionar lo que está pasando.

Y es que Haití, más que estar acorralada por la epidemia del cólera, es una nación encolerizada, hastiada de las injusticias y burlas de sus políticos, lo que hace temer que la actual crisis electoral termine, tarde o temprano, en un conflicto civil con gran cantidad de muertos. < Parte de este caos estalló cuando el Consejo Provisional Electoral (CPE) confirmó el pasado 7 de diciembre que la segunda vuelta presidencial se definiría entre la candidata Mirlande Manigat y el oficialista Celestin, del Partido Inite, quienes alcanzaron 31.4% y 22.5% de los votos respectivamente, dejando fuera de la contienda al popular político Michel Martelly. En la capital, desde hace dos semanas se siente la tensión. Partidarios de Martelly, un cantante bastante popular en el país y a quien llaman "Sweet Micky", se han tomado las calles creando barricadas y enfrentándose a la policía y autoridades políticas, a quienes acusan de orquestar un fraude para favorecer a Celestin El propio candidato, quien perdió en los comicios del 28 de noviembre por apenas 7 mil votos (1%), ha incitado las protestas, que dejaron más de cinco muertos, y rechazó el recuento de resultados que hará el CPE ante las denuncias de fraude y la presión internacional; lo que desea Martelly es que se repitan los comicios el próximo 16 de enero. El CEP tiene hasta mañana para anunciar los resultados finales de las elecciones. Un oficial de la Minustah, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití explicaba bajo anonimato, que "el mayor problema es que, sea cual sea el resultado, con el recuento puede haber problemas entre un bando u otro, porque la sensación es que hubo fraude y la gente está furiosa". "No nos extrañaría que después de un terremoto con 300 mil muertos, gente sin viviendas, huracanes y ahora el cólera, una guerra civil estallase aquí", acota el policía. Gary Apollo, reconocido locutor haitiano de Radio Signale, habla un grueso castellano, y así sentencia: "Nos estamos preparando para lo peor... sabemos que esta tensión va a terminar con mucha sangre en la calle... Hay grupos violentos de Martelly y Celestin que sólo están esperando un nuevo conteo para salir...".

En los tiempos del cólera

Puerto Príncipe es una ciudad grisácea -o aún más- desde el sismo que la golpeó el 12 de enero de este año. La actual crisis política que azota al país se ha sumado a los estragos del terremoto y la epidemia de cólera que se ha llevado a 2.400 personas a los cementerios.

Pero la propagación de la epidemia se puede entender: no hay viviendas. Sobre los escombros se han erigido más de 1.300 campamentos con cerca de 1.3 millones de desplazados en condiciones de insalubridad.

Con la misma agua que se lavan los platos, otros la usan como urinario, la echan al suelo y corre hasta uno que la toma para enjuagar ropa. Lo que sobra se va por las calles y se mezcla con la basura. Así de sencillo se recicla la miseria.

La ONU ha ordenado esta semana una investigación del origen de la epidemia: se conjetura que el brote comenzó en una base de efectivos de paz de ese organismo provenientes de Nepal, cerca de una zona donde se produjeron miles de casos.

Pero más allá de que se investigue el origen, el problema es cómo controlarlo en una ciudad como Puerto Príncipe donde los postes se hicieron urinarios y la gente vive hacinada por falta de viviendas ante la lentitud de la reconstrucción.

Son estos hechos y la falta de esperanza lo que está haciendo que en Haití, la primera República negra libre de América, suenen tambores de guerra.

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